Yo deseo una paz sin domar. La
sociedad ha domesticado nuestra esperanza salvaje, peligrosa. Tutu, Gandhi, MLK,
Jesús—están puestos en la mesa de los poderosos y satisfechos de si mismos. Corro
por las calles, gritando "¡Despiertense!" y todavía me invitan a los manteles blancos y cristales delicadas de respetabilidad. No más los ricos
estremecen por nuestra mención—nos sugieren que sequemos el sudor de nuestras
frentes con pañuelos de lino. Hacedores de paz—regresen a prisión, a los
barrios. ¡Miren! Somos los bribones sucios en un sistema de opresión inmaculado.
Los bien criados nunca entenderán amor tan desenfrenado.
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